Buscador

viernes, 28 de diciembre de 2012

Rosemarie Urquico. Sal con una chica que lea


Canción: Brujita de Nacho Vegas




Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.


Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.


Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.


Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.


Por lo menos tiene que intentarlo.


Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.


Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.


¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.


Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.


Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.


Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.


Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.





O mejor aún, a una que escriba.



jueves, 27 de diciembre de 2012

María Sanz . Poema del libro Tu Lumbre Ajena


Te has inventado un hombre que no existe,
ese hombre que sólo reconoces
lejos de la barbarie,
inmune a lo mediocre y a su causa.
Continúas buscándole,
mientras el arco-iris
es toda su mirada,
cuando aclama la vida
tu soledad en plena muchedumbre.
El hombre que deseas,
ése de cuyos brazos
nada terminaría de arrancarte,
hace tiempo que huyó del Paraíso,
que encuentra cada noche
la mujer de sus sueños,
y no vas a ser tú, precisamente,
con tanto Brahms y tanta poesía.


Carina Sedevich.


Es la hora en que es preciso escribir.
Hay que salvar el día
de hundirse. Hoy
vale por tantas tardes que ví pasar
callando. Hoy
no es más triste que otras veces
esta hora.
No es mayor la soledad
sino más vieja
como si nadie nunca hubiera estado.
El hueso del silencio
conocido y raspado por mis manos.
El hueso de ser una
sola, durante todo el trecho.
El hueso de haber sabido siempre.



Sin embargo tuve la duda del amor...
Se me ofreció en alguna de sus formas
y vi salir el sol por el oeste
y palpitar la tierra
y edulcorarse el mar.
Hallé que el frío no cortaba
que ciertas flores supuraban
me senté bajo un sauce para oírlo
y me aburrí.
Me decía siempre que de mí
huían las felicidades.
Me llamaba siempre inmerecida.



Entonces tuve la deuda del amor.
Y no hay camellos que alcancen para eso
ni arena caminada
ni las piernas, ni las vulvas entregadas.
Nada de eso
paga la estafa del amor.



No hay agua sobre la cuál escribir
tantas partidas.
Me quitaron lo que nunca tuve
y siempre supe que no había tenido.
Me dieron y me rapiñaron
el hueso de mi soledad.








Nuestra Absurdidad




Ella lo lleva bien
todo se acaba y ella aun sonríe
mirando sus manos
asqueada de tanto pasado despedido.
Lo mira,
un último polvo triste en su mirada,
Se despiden.


Todo se acaba,
nos acabamos solos
cómo no acabarnos de a dos o de a tres,
yo me voy por los impares.


El tiempo se encarga de destruirlo todo.
Se olvidarán los orgasmos
se olvidarán los ratos de silencio en la conversación
se olvidarán las miles de conversaciones que te hicieron reir
y nos burlaremos de ellas cuando todo haya pasado.

Se acabará el nosotros
pero nos quedará la música
y los poemas que no nos creíamos capaces de escribir
Te quedará parte de mi locura
me quedará un pedazo de tu voz
Ya tu lo sabes muy bien,
todo se acaba
y no nos alegramos por eso,
tampoco nos alegramos
por tenerlo demasiado claro.

Nos quedan las frases, algunas miradas
las obscenidades nuestras
nuestra absurdidad.


Nos quedan mil cosas
Que no nos quedarían
si fuésemos nosotros
quienes nos quedásemos.

Con nosotros aquí no hay nada
sólo realidad.
Pero nos agotamos como todo lo demás,


Me gustas porque no quieres que te salve
ni quieres salvarme a mi
porque vives perfectamente sin mi
porque no me extranas,

ni me preguntas por qué no llamé
o por qué desaparecí.

Me gustas por obsceno y loco
por perverso
Me gustas porque no quieres tenerme
porque me amas con tu manera de amar,
como los gatos,
porque no insistes en estar,
porque se que si te vas
no volverás.



CarlotaRoby

martes, 11 de diciembre de 2012

Dos poemas de Eduardo Galeano



1. La Noche

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme. 
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.









2. Ventana sobre una Mujer

Esa mujer es una casa secreta (es una fortaleza).
En sus rincones, guarda voces y esconde fantasmas.
En las noches de invierno, humea.
Quien en ella entra, dicen, nunca más sale.
Yo atravieso el hondo foso que la rodea.
En esa casa seré habitado.



En ella espera el vino que me beberá?
Muy suavemente golpeo la puerta y espero.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La Ropa Usada. Carina Sedevich









no entremos otra vez en esta farsa
no hablemos más
sencillamente
no tenés al hombre que amé
en la camisa
no tenés al hombre que amé
en los pantalones
y tampoco te podés poner
en sus zapatos

recordame con el vestido lila
o con el vestido rojo
con flores amarillas
recordá cuando yo tenía sed
de las cosas hermosas
que ofrecías
de la paz
de las transformaciones

pero no pensemos en encontrar
una hendija para volver a mirarnos

nos quedamos bailando, solos,
en aquella fiesta
nos quedamos preparando las brasas
en el patio de la casita nueva
nos quedamos un treinta de diciembre
con un evatest con dos rayitas

esos éramos nosotros
ese era el hombre con espalda
de padre
y pecho de amante
y manos de sembrar
que yo quería

el que sabía cantar
el que jamás
se hubiera detenido

Qué dicen. Arabella Salaverry











Dicen que a las brujas
nos afecta la noche
dicen que a las putas
nos afecta el silencio
dicen que a las madres
nos afecta la ausencia
que a las amantes
nos afecta el olvido

Y que a las hembras
nos afecta la luna

Dicen que a las mujeres
nos evade la lógica
transcurrimos dicen
empapando pañuelos

Dicen que estas lágrimas
son un aguacero
se precipitan
nublan lo cercano
velan lo lejano

Dicen más
dicen que esas nuestras lágrimas
son de cocodrila
las enjuga el viento
las lava el olvido

Suelen decirlo otros
Dicen tantas cosas

Qué es lo que decimos
aún me lo pregunto
vive un nuevo siglo
Y no lo escucho claro

domingo, 9 de diciembre de 2012

Alejandra y Joplin. Fragmento

Canción: Fito Paez y Mercedes Sosa. Parte del aire


Lo pensó dos veces y se marchó
como una frutilla su corazón
siempre el mismo rollo
con los parientes.
Me dejó unos discos en el placard
un reloj de plata y un samurai
todo detallado en un expediente.
Y allí va, parte del aire
y allí va en libertad.



Para Janis Joplin



(fragmento)
a cantar dulce y a morirse luego.
no:
a ladrar.
así como duerme la gitana de Rousseau.
así cantás, más las lecciones de terror.
hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
me pregunto si eso no aumentó el error.
hiciste bien en morir.
por eso te hablo,
por eso me confío a una niña monstruo.

1972

Alejandra Pizarnik

Del diario de Alejandra Pizarnik, 2

Era yo Alejandra, Era yo! ja ja.




Es muy tarde. Estoy excitada. Deseo un cuerpo junto al mío. ¡Cualquiera! Cualquier sexo, cualquier edad. ¡Eso es lo de menos! Basta un cuerpo a quien tocar y que me toque. ¡Mi sangre galopa! ¡Ah! Deseo ferviente. Me disuelvo en deseos eróticos. Nada de amor. No. Nada de eso. ¡Sí! Lo que yo quisiera es vivir mi vida diurna entre libros y papeles y pasar las noches junto a un cuerpo. Ése es mi ideal. ¿Es lascivo? ¿Es lujurioso? ¿Es estúpido? ¿Es imposible? ¡¡¡Es mío!!! Y con eso basta. Pero, ¿dónde conseguir ese ser? Tendría que ser alguien como yo, que desee lo mismo que yo. ¡No existe! ¡Sé que no existe! Mi locura es única. ¡Mi originalidad! ¡Mi extremismo! ¿Qué será de mí? ¡No lo sé! ¡Sólo sé que no puedo más! ¡Que me muero de impotencia! […]”

Violette Leduc




Las tres de la mañana. Las cuatro de la mañana. El alma
es friolenta, el corazón no está tranquilo, las manos están vacías, el pie que movemos dentro del zapato no demuestra que estemos vivas, estamos lívidas hasta la punta de los dedos, nos apretamos las unas contra las otras, esperamos el día. La vieja reinita desteje su bufanda, destruir la embellece.

Los nadies. Eduardo Galeano



Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto
la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la
buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en
lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de
escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.


No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

- Eduardo Galeano

viernes, 7 de diciembre de 2012

Del Diario de Alejandra Pizarnik

  


 Dentro de muy poco me suicidaré. Siento claramente que estoy llegando al final. Veo cerrado. Ni afuera ni adentro. Simplemente no tengo fuerzas y la locura me domina (una histeria atroz: imposibilidad absoluta de quedarme tranquila, quieta).
   Cuando entré en mi cuarto tuve miedo porque la luz ya estaba prendida y mi mano seguía insistiendo hasta que dije: Ya está prendida. Me saqué los pantalones y me subí a una silla para mirar cómo soy con el buzo y el slip; vi un cuerpo adolescente; después bajé de la silla y me acerqué al espejo nuevamente: Tengo miedo, dije. Revisé mis rasgos y me aburrí. Tenía hambre y ganas de romper algo. Me dirigí a la mesa con el mantel rojo con libros y papeles, demasiados libros y papeles y quise escribir pero me dio miedo aumentar el desorden y me pregunté para qué lo aumentaría con un poema más que luego exigiría ser pasado a máquina y guardado en una carpeta. Me mordía los labios y no sabía qué hacer con las manos. Yo misma me asustaba porque me miraba a mí misma en mi piecita desordenada, andando y viniendo en slip ypullover sin pensar, con la memoria petrificada, con la boca devorándose. Pasé junto a la silla y me subí de nuevo en el espejo pero mi cuerpo me dio rabia y me tiré en la carga creyendo confiada en el llanto vendría.

Tumba de Alejandra Pizarnik




  Alejandra está enterrada en el cementerio judío de La Tablada.



... La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu... Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.

Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.

Si vieras a la que en mí sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava para ocultar tu corona ¿otorgada por quién? ¿quién te ha ungido? ¿quién te ha consagrado? El invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como su fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio...









Fuente: Fotografías tomadas del fantàstico blog -->  http://alejandrapizarnik.blogspot.nl/2011/01/alejandra-pizarnik-en-la-tablada.html.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Testamento. Susana Cattaneo














TESTAMENTO

A mi madre, las llaves del Universo.
A mis perras, la magia de la felicidad.
A los militares, un guiso de tornillos.
A Pinochet, un féretro de cartón.
A Cátulo Castillo, un refugio infinito para canes.
A Videla, un destino sin ventanas.
A Frida Kahlo, colores de arco iris.
A Cris, la alegría y toda la música jazz.
Al gato Iván, el misterio de las noches.
A Pilar, mi emoción frente a Sevilla.
A la policía, un libro de modales y sensibilidad.
A los crueles con los animales, mis deseos de muerte.
A Jetzabel, reina judía, un indulto irrevocable.
A Grace, la sonrisa de la Gioconda.
A los toreros, flechas filosas para su corazón.
A Saramago, un aplauso interminable.
A Antonia, la filosofía Zen.
A los colonizadores, un puñado de estopa en la garganta.
A los Testamentos, el concepto de justicia.
A la ideología iraní, la bomba atómica.
A los nazis, la bomba de neutrones.
A Parra, un regalo para Janick y otro para Eiko.
A Copérnico, un guiño de triunfo.
A Alan Parker, un cuadro de Dalí.
A la Camargue, nuevas razas de caballos.
A Cioran, el consuelo de un colega.
A Olga Orozco, la reverencia más grande.
A Pizarnik, siempre el recuerdo.
A la inhumanidad, mi más profundo desprecio.
A la que fui, la libertad.




miércoles, 5 de diciembre de 2012

Silvina y Alejandra




En las dos primeras fotografías: Silvina Ocampo
En la última: Noemí Frenkel y Marta Bianchi interpretando a Pizarnik y Ocampo en la obra teatral "Dos mujeres terribles"



Los Caminos Cruzados de Silvina Ocampo y Alejandra Pizarnik
(Tomado del diario Tiempo de Argentina. Artículo del 2010)



En 1967 Silvina Ocampo era un personaje célebre del ámbito intelectual, por su obra y su matrimonio con Adolfo Bioy Casares; por la relación amistosa y literaria de la pareja con Borges y otros escritores centrales, su pertenencia al círculo más selecto de las letras argentinas. Ese año aparece en la revista Sur, dirigida por su hermana Victoria, el artículo "Dominios ilícitos", reseña crítica sobre su libro de cuentos El pecado mortal, firmada por Alejandra Pizarnik. En ese artículo se trasluce la fascinación de la joven poeta por esos relatos sugerentes, furiosos e inocentes a la vez. 
Tiempo después se conocerían a instancias de la fotógrafa Sara Facio, y emprenderían una intensa amistad que "rápidamente asciende a pasión y se enciende en ella", según comenta la escritora Ivonne Bordelois, amiga y albacea de Pizarnik.  Testimonio de esta relación son las cartas de Alejandra a Silvina, donde una voz devota y amante clama por atenciones y favores propios del discurso amoroso: "Silvine, mi vida (en el sentido literal) le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo SIN FONDO. A él lo amo pero es distinto, vos sabés (...) Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh, no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos (que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya ves que lo sexual es un 'tercero' por añadidura)."  Palabras palpitantes que no hallan respuesta escrita: no hay referencias o menciones a Pizarnik o a su obra en los papeles privados ni en la correspondencia de Silvina pero, se sabe, se frecuentaron mucho hasta la muerte de Alejandra.
 "El humor, la poesía, el sentido de lo tenebroso y absurdo que se esconde bajo las apariencias más inocentes, la devoción a la literatura y a la vida fantástica, fueron los cauces que hicieron inevitable la relación", define Bordelois. Las obras de ambas, originales y distintas, coinciden en la construcción de mundos imaginarios, en los que la infancia tiene la fuerza de la gravedad. Pizarnik toma a Ocampo como precursora, pasea y se detiene en esos "dominios ilícitos" que tan bien sabe leer en su artículo: la infancia, la muerte, la fiesta, el erotismo. Las dos son poseedoras de una voz delicada y terrible, que avanza más allá de los temas lícitos de la sensibilidad femenina de la época. Los posibles ribetes eróticos de la relación permanecen en la sombra de la especulación, fundados en las ansiosas palabras de Pizarnik, en el callar y otorgar de Ocampo, condescendiente esposa del mayor dandy de las letras latinoamericanas, pero no por ello sumisa. 
"¿Te dejé muy triste el otro día? Espero que no. Confío en que no. Aun así  es una Gran Prueba de Amistad de mi parte esto de no sonreír todo el tiempo...", le escribirá Pizarnik a su amiga en una carta sin fecha. Esa tristeza y esa desesperación por amar, por comunicar "con palabras de este mundo" y la imposibilidad de sentirse satisfecha, la llevaron al fin hasta la muerte.

Carta de Alejandra Pizarnik a Silvina Ocampo








La canción es Lili Marleen cantada en la versión de Marlene Dietrich en alemán.  
Despuès de que lean esta carta no hará falta que diga lo evidente. Alejandra estaba enamorada de Silvina Ocampo, pasión y poesía. Me encanta. 

Ma très chère,
Tristísimo día en que te telefoneé para no escuchar sino voces espúreas, indignas, originarias de criaturas que los hacedores de golems hacían frente a los espejos .
Pero vos, mi amor, no me desmemories. Vos sabés cuánto y sobre todo sufro. Acaso las dos sepamos que te estoy buscando. Sea como fuere, aquí hay un bosque musical para dos niñas fieles: S. y A.
Escribime, la muy querida. Necesito de la bella certidumbre de tu estar aquí, ici-bas pourtant [aquí abajo, sin embargo]. Yo traduzco sin ganas, mi asma es impresionante (para festejarme descubrí que a Martha le molesta el ruido de mi respiración de enferma) ¿Por qué, Silvina adorada, cualquier mierda respira bien y yo me quedo encerrada y soy Fedra y soy Ana Frank?
El sábado, en Bécquar, corrí en moto y choqué. Me duele todo (no me dolería si me tocaras –y esto no es una frase zalamera). Como no quise alarmar a los de la casa, nada dije. Me eché al sol. Me desmayé pero por suerte nadie lo supo. Me gusta contarte estas gansadas porque sólo vos me las escuchás. ¿Y tu libro? El mío acaba de salir. Formato precioso. Te lo envío a Posadas 1650, quien, por ser amante de Quintana, se lo transmitirá entre ascogencia y escogencia.
Te (les) envié aussi un cuaderno venezol-ano con un no sé qué de degutante [desagradable] (como dicen Ellos). Pero que te editen en 15 días (…) Mais oui, je suis une chienne dans le bois, je suis avide de jouir (mais jusqu’au péril extrême) [Pero sí, soy una perra en el bosque, ávida de gozar (pero hasta el peligro extremo)]. Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besaría una mano y lloraría, pero sos mi paraíso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. Al carajo los greco-romanos. Yo adoro tu cara. Y tus piernas y, surtout tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero.
Silvine, mi vida (en el sentido literal) le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo SIN FONDO. A él lo amo pero es distinto, vos sabés ¿no? Además lo admiro y es tan dulce y aristocrático y simple. Pero no es vos, mon cher amour. Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette mon amour, pronto te escribiré. Sylv., yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves lo sexual es un “tercero” por añadidura. En fin, no sigo. Les mando los 2 librejos de poemúnculos meos –cosa seria. Te beso como yo sé i a la rusa (con variantes francesas y de Córcega).
O no te beso sino que te saludo, según tus gustos, como quieras.
Me someto. Siempre dije no para un día decir mejor sí.
Ojo: esta carta tu peut t’en foutgre et me répondre à propos des [podés meterte esta carta en el culo y contestarme acerca de] hormigas culonas.
Sylvette, tu es la seule, l’unique. Mais ça il faut le dire: Jamais tu ne rencontreras quelqu’un comme moi –Et tu le sais (tout) (Et maintenant je pleure.
Sylvette, sos la sola, sos la única. Pero es necesario decirlo: nunca encontrarás a nadie como yo. Y eso lo sabés (todo). Y ahora estoy llorando]
[Sylvette, sos la sola, sos la única. Pero es necesario decirlo: nunca encontrarás a nadie como yo. Y eso lo sabés (todo). Y ahora estoy llorando]