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domingo, 22 de julio de 2012

LEVEL III


I)                     
me gusta ver
como dos seres se vuelven
un mismo brote de fuego
me gusta verlos y arder
a lo lejos
solitario.

Anaïs Abreu
El Vouyerismo del Sol
















II)                   
Ten cuidado con las palabras,
incluso con aquellas milagrosas.
Para las milagrosas hacemos lo mejor posible,
a veces se enjambran como insectos
y dejan no una picadura sino un beso.
Pueden ser tan buenas como los dedos.
Pueden ser tan confiables como la roca
sobre la que apoyas tu trasero.
Pero también pueden ser ambas: margaritas y moratones.

Aún así, estoy enamorada de las palabras.
Son palomas que caen del techo.
Son seis naranjas sagradas posadas en mi regazo.
Son los árboles, las piernas del verano,
y el sol, su apasionado rostro.

Aún así, me fallan a menudo.
Tengo tanto de lo que quiero decir,
tantas historias, imágenes, proverbios etc.
Pero las palabras no son lo suficientemente buenas,
las equivocadas me besan.
A veces vuelo como un águila,
pero con las alas de un gorrión.

Pero intento tener cuidado
y de ser suave con ellas.
Las palabras y los huevos deben ser tratados con cuidado.
Una vez rotos,
son cosas imposibles de reparar.



Anne Sexton (EE.UU, 1928-1974)
Trad. versión Nobska (AP)

















III)                 
AQUÍ ES DONDE HACEMOS LOS NEGOCIOS LIMPIOS AHORA VAYAMOS POR EL CORREDOR AL CUARTO OSCURO DONDE DE VERDAD GANO DINERO
Quieres ver cómo iban las cosas desde el punto de vista del marido:
vayamos a la parte de atrás,
allí está la esposa
de brazos cruzados y encarando al marido.
Lágrimas no le está diciendo él, no más lágrimas. Pero siguen cayendo.

Lo está mirando.
Lo siento dice él. Me crees, verdad.
Mirando.
Nunca quise hacerte daño.
Mirando.
Esto es trivial. Parece Beckett. ¡Di algo!
Creo que
tu taxi ya está aquí dijo ella.
Él miró afuera. Tenía razón.
Le hirió el patetismo de su fino oído.
Ahí estaba ella una persona con rasgos particulares,
un cierto tipo de corazón, vida latiendo en ella a su manera.
Le hace señas al taxista, cinco minutos.
Sus lágrimas han cesado.
¿Qué hará cuando me haya ido? se pregunta él. Su noche. Se le cortó el aliento.
Su extraña noche.
Bueno dijo él.
Sabes empezó ella.
Qué.

Si pudiera matarte
tendría que volver a hacer otro exactamente igual a ti.

Por qué.
Para contárselo a.
La perfección se posó en ellos un instante como la calma sobre un lago.

El dolor permaneció.
La belleza no permanece.
El marido tocó la sien de su mujer
y dio media vuelta
y bajó
corriendo
las
escaleras.

Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950)









IV)                

Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.

Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.

Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.

De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por el agujero de mi boca.

No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.

Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.

¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,

y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.

Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.


Anne Sexton (EE.UU, 1928-1974)





V)

XXIV
Una esposa está bajo las garras del ser.
Fácil es decir ¿Por qué no terminar con esto?
Pero supongamos que tu marido y cierta mujer oscura
suelen quedar en un bar por la tarde.
El amor no es condicional.
Vivir es muy condicional.
La mujer se instala en una terraza cerrada al otro lado de la calle.
Observa a la mujer oscura
que con la mano le toca la sien como si le estuviera metiendo algo.
Observa cómo
él se inclina un poco hacia la mujer y luego se vuelve atrás. Están serios.
Su seriedad la atormenta.
Las personas que pueden estar serias cuando están juntas es porque tienen algo
    profundo.
Hay una botella de agua mineral sobre la mesa
y dos vasos.
¡No necesitan bebidas alcohólicas!
¿Desde cuándo tiene él
estos gustos puritanos?
Un barco frío
zarpa de algún lugar dentro de la esposa
y pone rumbo al horizonte plano y gris,
ni pájaro ni soplo a la vista.
Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950)
"La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos"

















VI)                  
XX

En el esfuerzo que uno hace por hallar su camino entre los contenidos de la memoria
(insiste Aristóteles)
es útil el principio de asociación:

«pasar rápidamente de un punto al siguiente.
Por ejemplo de leche a blanco,
de blanco a aire,
de aire a húmedo,
tras lo cual uno recuerda el otoño en el supuesto de que esté tratando de recordar
esa estación».

O suponiendo,
amable lector,
qué no estés tratando de recordar el otoño sino la libertad,
un principio de libertad
que existió entre dos personas, pequeño y salvaje,
como son los principios, pero ¿cuáles son aquí las reglas?

Como él dice,
la locura puede ponerse de moda.
Pasar entonces rápidamente
de un punto al siguiente,
Por ejemplo de pezón a duro,
de duro a cuarto de hotel,
de cuarto de hotel
a la frase encontrada en una carta que escribió en un taxi el día que se cruzó con
su mujer
que iba caminando
por la otra acera, pero ella no le vio, se dirigía
-así de ingeniosas son las combinaciones de ese estado de flujo que llamamos
nuestra historia moral acaso no son tan claras casi como las fórmulas matemáticas
salvo que están escritas en el agua-
al juzgado
a presentar los documentos para el divorcio, una frase como
qué sabor entre tus piernas.
Tras lo cual mediante esta facultad absolutamente divina, la
«memoria de las palabras y las cosas»,
uno recuerda
la libertad.

¿Es eso yo? grita irrumpiendo el alma.

Almita, pobre animal incierto:

cuidado con este invento «siempre útil para aprender y vivir»
como dice Aristóteles, Aristóteles,
que no tenía marido,
rara vez menciona la belleza
y es probable que de muñeca pasara rápidamente a esclava cuando trataba de
recordar esposa.
Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950)
La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos
















VII)                
Lo único que quiero saber es
si detrás del espejo
me esperan tus ojos.
Kiss me quick, my dear,
que la vida es breve.

Te amo ha tomado por asalto
todos mis Diarios.
Veámonos dónde y cómo sea.
Quiero que tus manos
escriban en los pliegues
de mis páginas
todas tus aventuras,
y que cada trazo de tu pluma
sirva para hacer
menos virgen mi cuaderno.


Carlota Caulfield (La Habana, Cuba, 1953)







VIII)              

Proclamar cada horror
sería redundante.       los objetos
mismos bastan:           un peine roto
el mango de un paraguas          un pedazo de plástico
azul       un espejo de bolsillo astillado.

la cara es hostil.
intento mirarla        fijamente
insiste      moviendo

espástica      los ojos
que se crispan     abiertos      cerrados
la nariz tiembla      dedos arrugados
que escarban las orejas. no conozco
a esta extranjera.

2.

he sabido de torturas
pero sigo
extrañamente a salvo.

                                       de noche
mis propios sueños me
desgarran                                me veo vivir
las indignidades más obscenas         sondas

e incapaz de desprenderme de mi carne
me quedo callada      sin
voz ni gemido       sin
poder sentir dolor.

Irena Klepfisz (Guetto de Varsovia, 1941 - Vive en EE.UU. desde 1949)
















IX)            


Me estoy muriendo de vida.
                                Rojo vértigo baila delante.
Asesino mi pasado.
                                 Sola
por no contarlo.
La baldosa fría
que besa mis labios
es el clímax
de lo que vendrá.


II

Con medio pasaje de ida
la vuelta no se compra
            se gana,
                          de a pedazos brutos
aguantando,
sobreviviendo la resignación
           de dientes apretados.
Los derechos
son fornicados,
                                 de a poco
               sutilmente
 impotencia
                                 gestos sordos
                                        Rojo vértigo baila delante
Solo me queda la seguridad
de los que fracasan.


Victoria Sibelles (Argentina)

















X)

CUANDO LEVANTO LA CABEZA DE MADRUGADA

Cuando levanto la cabeza
                      de madrugada
es un corazón palpable
                       estruendoso
                                   asfixiante
ocupando él solo toda la habitación,
trepando hacia la ventana
                       como para escapar y cambiar de sitio,
instalándose en el jardín del vecino.

Rumor de largas horas
                       cortadas a golpes
cuando creo en la resurrección de los muertos
en los verdugos desahuciados
en hilos, que juegan sin gritos
en zuecos de madera que suenan y suenan
en las malas imágenes como para irse a otro sitio
en una flaca espantando ratas
en los tulipanes que nunca terminan de florecer.

Te oigo debajo de mí
                       respiras y sueñas
y regresa el corazón palpable
decidido a latir
                       latir
                              latir

y matar.

 (de Todos los poemas, 1994, Monte Ávila Editores Latinoamérica, Caracas, Venezuela)


Para finalizar una buena canción
Peeping Tom de Placebo 







Juan Gelman, Fragmento






Hasta que la muchacha se asomó al balcón
de pie sobre la tarde íntima como su cuarto con la cama deshecha
donde todos creyeron haberla amado alguna vez
antes de que viniera el olvido.


-Fragmento de la muchacha en el Balcón
Juan Gelman 

sábado, 21 de julio de 2012

KISS OFF


I HOPE YOU KNOW THIS WILL GO DOWN 
ON YOUR PERMANENT RECORD

Fragmentos


"Donde tengo el amor, toco la herida."
— Fragmento de La vida en juego, Ángel González


"Los libros sostienen algunas cosas
como el emplazamiento de la gloria
o todo eso que quisiéramos ser."
— Fragmento de Para sostener debe ser sustentable, Carlos Godoy




"quiero gritarla pero no tiene sonido
esta furia de historieta"
— Fragmento de Peces non-fiction, Anita Cleiman




"La muerte es una experiencia de vida.
Y a veces se necesitan dos vidas
para poder completar una muerte."
— Fragmento de Hay pocas muertes enteras, Roberto Juarroz





"Cualquier movimiento mata algo.
Mata el lugar que se abandona,
el gesto, la posición irrepetible,
algún anónimo organismo,
una señal, una mirada,
un amor que volvía,
una presencia o su contrario,
la vida siempre de algún otro,
la propia vida sin los otros."
— Fragmento de Cualquier movimiento mata algo, Roberto Juarroz




"ningún espíritu debería
devolverse intacto"
— Fragmento de Corazonada, Jorge Núñez


"Nosotros, demasiados rebeldes
para tan pocas revoluciones."
— Vicente Luy

"¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara.
Y si se puede, venderle también otras cosas.
Y venderle a Dios lo que el diablo no compre."
— Vicente Luy


Decir ‘no te recuerdo más’
sería admitir que no te olvido
y es más simple que eso:
te recuerdo distinto.
— Cecilia Martínez Ruppel



"La ciudad es el laberinto que llevamos en el cuerpo."
— Fragmento, Cecilia Romero Messein







BLA BLA BLA BLA BLA 
A MI DÉJENME CAER. 



Dario Jaramillo Agudelo


Darío Jaramillo Agudelo es un autor que conocí gracias a alguien que pasó de ser una divertida circunstancia a un muy buen amigo, y creo que ha hecho mi existencia en esta vida mucho mas placentera, y eso siempre se agradece... Se agradece que te introduzcan a autores que creen en los amores imposibles, que le reservan a los amores posibles las mentiras y la rigidez, la monotonía... Que le hablan a la noche como una dama oscura y escriben sobre el insomnio mientras tu los lees a las 3 de la mañana con el mismo insomnio en otro lugar... Así que este post va con algunos poemas de Darío Jaramillo Agudelo y me reservo el derecho de subrayar algunas de mis frases favoritas, las que crean una marea, un tsunami dentro de mi cuando las leo.








1. Darío Jaramillo Agudelo
Los Poemas de Esteban 1995.
Una noche 


Nos fascinan las sirenas con su canto como Ulises,
los clásicos fueron echados al olvido:
la noche de esta ciudad canta con las sirenas de la muerte,
el hospital, el bombero, el policía instalan su alarma
y la sirena nos despierta a todos:
agónico sonido el persistente ulular de las sirenas,
acezante su viaje de la muerte a la muerte.
No canta la ciudad por la noche:
produce ruidos,
estridencias malditas o alharacas desordenadas,
superpuestas a la oscuridad-y la oscuridad ama el silencio-.
No suena la ciudad como suenan las ranas,
la ciudad no vibra con la cadencia de los coleópteros de la tierra
caliente.
La ciudad traquetea como un mecanismo desajustado,
algo le suena sin ritmo a la ciudad de noche
-el tiempo marchará siempre idéntico a sí mismo, ninguna
falla entre instante e instante-,

la desaforada ansia de silencio de la noche en la ciudad produce
estridencias.

Los motores de los carros de basura y de los camiones de abastos,
el golpe de la lluvia contra el reflejo de las luces exhaustas,
el rumor lejano de una rumba, una motocicleta solitaria.
No existe ese momento sagrado en que nada se oye.
La palabra conticinio la inventaron los poetas para mentir de
nuevo. Es falsa y rebuscada.
Este insomnio es testigo.



2. Dario Jaramillo Agudelo
Los Poemas de Esteban 1995
Nocturno


Este va para mis amigos acreedores de una porción de locura de la noche: El Insomnio

Un piano. El piano que sostiene la luna.
Desde la luna oculta tras el monte, un piano leve, un piano ausente,
un piano que no puede con el azul del cielo.
Ya los árboles son negros pero no es negro el cielo
y la luna con su música de piano prepara sus ritos:
bendecir a la bruja, alargar su sombra cuando alargue la marea,
asistir como testigo de la muerte, parpadear en partos, coitos,
brindis.
La noche es una campana. Las voces que de día se ahogan entre
voces,
resuenan en la campana de la noche,
igual que se amplifica el goteo del agua que de día se esconde
entre alharaca.
Siempre se oyen los ladridos de los perros a la luna, a la luna
pálida
y la sirena que hace hermanas a patrullas y ambulancias
golpea los tímpanos del insomnio con sonidos de muerte.
El silencio absoluto también aparece detrás de los fantasmas.
El silencio entra en bodegas y en estadios, en mercados y
oficinas.
El silencio se para en las esquinas donde los semáforos le dan
órdenes a nadie.
Son las tres de la mañana
y hace tiempo que aprendimos que esta es la hora permanente
de las almas solitarias.

Nadie es el amo de la noche. No hay rey de las tinieblas.
Demonios, brujas, seres voladores y sin nombre
se disputan un trono que no existe.
En la oscuridad no hay un poder distinto que la misma
 oscuridad.
La sombra es una tinta que escribe los destinos,
una tinta que se mezcla con sangre y con alcohol, con semen y
con la materia líquida del sueño.

El músculo duerme, la ambición descansa.
Pero unos pocos sostienen con su vigilia los andamios de la
noche, 

algunos resisten pocas horas, el proyeccionista, el actor, el
mesero, el taxista;
a las once los músicos trabajan.
Intentan derrotar el silencio con los encantamientos de la
 música,
sonarán hasta la una y después declinarán en sueño o borrachera,
sucumbirán al silencio de la noche.
Otros padecerán la agonía de pasar de claro en claro,
condenados a ver la madrugada, a descubrir de nuevo el
contorno de las cosas,
vigilante y locutor, enfermera y policía,
la puta que venderá la noche de su sexo
y el asaltante que viola cerraduras entre el carbón del aire.
También está la vigilia del insomnio,
esa porción de locura que la noche le brinda a algunos
condenados,

no pegar el ojo, ver un desfile de sombras,
cambiar de posiciones en la cama sin caer en el sueño,
sin caer en el sueño,
pensando en nada, con los músculos tensos como alambres
hasta el instante mortal en que el gris se filtra entre cortinas
y anuncia la cordura del día

y que de nuevo ha ganado el insomnio.
Todas las noches son pedazos de una misma noche, una noche
sin fin,
un cilindro que gira eternamente.










No existe la ceremonia de la noche. Ella misma es rito y diosa,
la oscura, la caótica.

Darío Jaramillo Agudelo







3. Testimonio acerca del hermano
Poemas de La Vida Diaria
Darío Jaramillo Agudelo


Te debía este poema por escrito. Debo añadir que su "quinto hermano" es su hermano imaginario.

Mi hermano tiene la línea de la vida corta y marcada intensamente,
una señal profunda, como si una estrella de fuego le hubiera
horadado la mano y el rumbo.
Mi hermano sabe decir que no con la rudeza y la suavidad de
los hombres vigorosos.
Mi hermano le ha enseñado a su cuerpo la alucinación y el
éxtasis,

ha cantado y reído, mi hermano ha vivido siempre como un sabio,
pisando el límite exacto de la demencia, tocando su borde 

alucinado,
en la fiebre del hongo o el alcohol, en el delirio del amor o de
la orgía.

Pero siempre mi hermano ha sido fuerte y sabio,
con la sabiduría de quien sabe el límite de su destrucción
y con la sabiduría de quien se conserva intacto,
mi hermano juega con el tiempo, yuxtapone colores,
mi hermoso quinto hermano me enseña con su historia el fondo
transparente de su calma
y me extiende la misma mano que quemó todas sus naves
jugándose el todo por el todo siempre,
y siempre incólume
como quien sabe el final y no le duele.

Mi hermano, el sabio transgresor, regresándome  a la ebriedad
y al incesto,
el furiosamente libre, el desatado de toda obligación que no sea
su instinto.
Mi quinto hermano es duro y seco con la gente, intolerante
como yo,
pero mucho más recio, como quien está acostumbrado a
guardar su territorio de invasiones.
Mi hermano regala una cálida ternura a quienes ama,
y entonces es locuaz y regocijante y más hermoso.
Mi hermano habla poco
y en ciertos momentos de lucidez alcohólica me dijo que él
nunca moriría, que algún día se irá,
que a lo mejor desaparezca,
pero que estaremos juntos, de algún modo,
como siempre.
Debimos conocernos cuatro años antes, también me dijo mi
hermano esa noche,
pero yo creo que todo tiene su día, su destiempo,
su oscura constelación de alborozado abrazo.
Desde muy joven, sabiendo lo que hacía,
abrió los ojos y descubrió su hermoso cuerpo
y supo también que la belleza es la sabiduría del cuerpo,
y siempre estuvo atento, creciendo hacia dentro en afiebrada
vigilia.
Mi hermano fabrica conmigo fantasías de diecisiete pisos, con
risas y palabras,
mi hermano hace música y dice disparates y le gusta echar
mentiras que no le hacen daño a nadie,
y le fascinan los perfumes y hacer ejercicio y quemarse bajo el
sol
y le gusta estar solo, organizando los oficios diarios.
Mi quinto hermano es fuerte y sabio
y ambos sabemos que nunca nosotros, solitarios dejaremos de
estar juntos.
Falta también aquí el sabor amargo que vela tras la sombra de
mi quinto hermano,
la pesadilla y el descenso a los infiernos:
él siempre se jugó el todo por el todo
y desaparecerá en la plenitud,
cuando el agrio fantasma que lo sigue sin tocarlo, decida por
él,
y caiga,
y con él caiga lo que quede de mí,
si entonces algo queda. 


lunes, 16 de julio de 2012

EL 36 ERES TU, Eeva Kilpi






Bueno, si de verdad quieres una confesión, Ahí va: He tenido treinta y seis amantes son demasiados Tienes razón, contesté, Hubiese bastado con treinta y cinco. Pero, cariño, el treinta y seis eres tú.


viernes, 13 de julio de 2012

A LA PUTA QUE SE LLEVO MIS POEMAS

      Algunos dicen que debemos eliminar del poema los remordimientos personales, permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero ¡Por Dios! ¡Doce poemas perdidos y no tengo copias! ¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores! ¡Es intolerable! ¿Tratas de joderme como a los demás? ¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el rincón La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de cincuenta, pero mis poemas no. No soy Shakespeare pero puede que algún día ya no escriba más, abstractos o de los otros; Siempre habrá dinero y putas y borrachos hasta que caiga la última bomba, pero como dijo Dios, cruzándose de piernas: "veo que he creado muchos poetas pero no tanta poesía."                                                                                            Charles Bukowski                                                                                    

Alejandra Gonzalez

YO
NO
QUIERO


UNA VIDA SIN CICATRICES 





MI PEQUEÑO AMOR MUERTO
NO VUELVAS A REENCARNARTE EN OTROS CUERPOS. 




LA PALABRA ES UN INVENTO QUE YA NO FUNCIONA.
DECIDÍ CAMBIAR PALABRAS POR ORGASMOS,

NO ME FUNCIONÓ... SIGO ESCRIBIENDO 






miércoles, 11 de julio de 2012

Miriam Reyes. Espana 1974

Si me lo pide me pongo en cuatro patas en dos, en una meneo la cola doy vueltas me hago la muerta salto por una galleta le lamo los pies. Y es que me muero de gusto cuando me rasca panza arriba. Soy la perra más perra que jamás nadie haya abandonado.

Café







"Yo no jugaba para no perder
Tú hacías trampas para no ganar." 
Joaquín Sabina

Me gustan los hombres que beben el café negro. Son sexosos. Sobre todo la parte en que les ofrecen azúcar o sacarina y ellos dicen "nada". Es delicioso. Es un fetiche. Suena rudo, masculino, fuerte, y tengo enseguida ganas de bebérmelos. Me gusta la idea de prescindir del azúcar, asumir esa pequeña aspereza cotidiana. Y me acostumbro, aunque en el fondo es horrible.

Secretamente comienzo a despreciar a los hombres que toman azúcar. Y los pruebo. A todos los invito a un café, y cuando piden, bajan 10 puntos. Cando prefieren endulzante, 20.

Uno se excita porque bebo sin aditivos. Qué ruda, dice, mujeres así no veía yo desde los 70. Y me mira hondo. Me dejo mirar, porque me reconozco en él.

Él me prepara un café. Sin azúcar, digo. Y él se asombra. Sin, repito. Y él: creí que ya había suficiente amargura como para agregarle más. Bebo el café, negro, y mientras trago entiendo tantas cosas. Pierdo un turno y vuelvo al punto de partida. Tiro los dados. Él ha ganado otros dos mil puntos.

Y sumerjo un terrón, para dejar de perder.

Habría que morirse directamente. RC




"Si no existiera el jazz, habría que morirse, directamente", Dice Daniel Boone mientras oye su disco número 12 de Bill Evans. Calentito. Un tema interminable que es en verdad todo el álbum.

Yo, como siempre desfasada, me quedo con Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Red Rodney. Soy un cronopio bebop, apenas, digo, y Daniel Boone fabrica nubes de humo que me sopla en el rostro. Me quedo perfumada de Camel hasta el escote, y en la noche, cuando me desnudo, lo siento subir desde la piel.

Entonces es el insomnio rotundo, que tiene tu nombre, y un disco de Miles que absurdamente no es kind of blue, sino kind of Redkind of Dizzy... Subo el volumen y achino los ojos.

En verdad habría que morirse, directamente.

a) Por supuesto que un entrepreneur social no se habría perdido la mayor de las revoluciones sociales impulsada nada más y nada menos que por la 2.0....




Una vez Rimbaud le preguntó a Baudelaire que si era feliz.
El amigo respondió que sí, que era feliz.

Entonces Rimbaud le contestó:
‘Oye… ¿cómo has podido caer tan bajo?’.

b) El mismo entrepreneur social que se fue a Egipto a vivir una revolución que no era suya, pero la tomó como tal jamás huiría al estado de melancolía que le deja una relación que se ha roto... Mmmmm no, le huiría a la felicidad domestica tan empalagosa que se crea de un vínculo muy largo, que por largo rutinario, que por rutinario pues.... Ni modo

c) Ciertamente, nadie dijo que la privacidad era una opción en la vida del 2.0

Y por último una buena canción.....