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sábado, 24 de agosto de 2013

La Isla







La humedad desafiando a la respiración
las gotas de sudor rodando
en un tren de ventanas abiertas
parecido a un tren nazi
abarrotado de gente.
Pero aquí nadie va a un campo de concentración
todos van a sus hogares
a comer curry con las manos
entre humos y moscas
y bañarse en sudor
aquí nadie prevé la muerte
como destino final
a pesar de haberla tenido tan cerca.
Los colores
jugando con las sombras de un pasado
que prometía un futuro glorioso
el sol golpeando en las ventanas
señalando los clasificados de un periódico:
gente que busca maridos
pidiendo la carta astral de los postulados.
En medio de toda esta manada
yo
con un boleto de ida
de treinta rupees
y mi cabeza fuera
huyendo del olor
de pieles amontonadas.
Playas, olor a mar
 y la gente que sigue
empujando
haciéndose espacio.
La vida es este tren
este rincón de posguerra
en el que voy sentada y apretujada
entre controles de bombas
ya olvidadas.
El precario control sanitario
los perros de la calle
y sus lenguas afuera peleando el calor
el mágico caos.
El sonido de rieles y rocas
ojos que han visto tanto
que no saben contarlo
con palabras:
yo,
que siempre he creído
que las experiencias
que no degeneran en poemas
son una pérdida de tiempo.
Las olas rugiendo
con el poderío de un mar
que ahogó a treinta mil cuerpos
en una pequeña isla,
la isla de los mil nombres
de los cocos,
del té y de las sonrisas
isla mártir de colonizaciones y robos
isla víctima
que llora desde el sur de la India
                                                     a sus muertos.




Carlota Roby

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