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domingo, 1 de septiembre de 2013



La matanza sistemática no puede escudarse bajo el lema de la cultura y las costumbres de un pueblo

mucho menos se puede convertir la muerte de miles de delfines en un producto de marketing.
La vida no es un producto, y eso aplica para todas las especies.




Todos los anos en Japón matan alrededor de 20.000 delfines, durante los meses de septiembre-abril, los matan para su consumo, los matan para obtener dinero de sus carnes, los compran para satisfacer sus vicios y llenar sus estómagos de un ser ya muerto. 



Sin duda alguna, si en algo ha ganado el ser humano, es en ser la especie que mas dano ha causado al equilibrio natural en menos tiempo. Todos los seres vivos existimos por una razón sencilla: todos aportamos para que el equilibrio natural se mantenga. 


El ser humano es solo parte de todo un sistema, nosotros no somos el sistema, ni estamos por encima del sistema y no hay tecnología, ni avances, ni revoluciones, ni racionalidad alguna que nos otorgue un puesto por encima de todas las demás especies. 


La realidad es que antes de nosotros el planeta y muchas otras especies ya existían; somos dispensables aunque esa idea no termine de calar en nuestro cerebro amaestrado para ignorar todo aquello que nos haga sentir inferiores. La disociación del hombre como mecanismo de defensa contra su propia inferioridad.


Solo somos seres abusivos, incapaces de  mantener una relación armónica con todo lo que nos rodea, de generar soluciones sustentables y respetar la vida de otros seres que en la mayoría de los casos han habitado este planeta mucho antes que nosotros. Somos egoístas, no estamos solos en este planeta, aunque eso sea un golpe duro a nuestro ego de bípedos torpes. 

Nadie se horroriza por la muerte de animales a manos del hombre, nunca aparecen estas muertes en las paginas de sucesos de ningún periódico. Nadie abusa mas de la naturaleza y sus recursos, como lo hace el hombre, nadie es tan indiferente hacia la muerte (innecesaria) de otros seres vivos, como lo es el hombre. Aun así  nadie depende mas de la naturaleza y sus recursos, para pagarse los vicios y caprichos, como lo hace el hombre. Ni hay especie que mate mas que el hombre. 

 La idiotez humana no tiene limites.

C.






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