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lunes, 28 de abril de 2014

La francesa de Roberto Bolano (La Francesca or the Frenchwoman by Roberto Bolano)

Es imposible no emocionarse con este poema, sin duda uno de mis favoritos. Qué manera de escribir. Tómense el tiempo de leerlo, vale la pena. Ya lo había publicado antes, pero aquí lo publico con mi traducción.

Kusjes!



Duane Michals



LA FRANCESA


Una mujer inteligente.
Una mujer hermosa.
Conocía todas las variantes, todas las posibilidades.
Lectora de los aforismos de Duchamp y de los relatos de Defoe.
En general con un auto control envidiable,
Salvo cuando se deprimía y se emborrachaba,
Algo que podía durar dos o tres días,
Una sucesión de burdeos y valiums
Que te ponía la carne de gallina.
Entonces solía contarte las historias que le sucedieron
Entre los 15 y los 18.
Una película de sexo y de terror,
Cuerpos desnudos y negocios en los límites de la ley,
Una actriz vocacional y al mismo tiempo una chica con extraños rasgos de avaricia.
La conocí cuando acababa de cumplir los 25,
En una época tranquila.
Supongo que tenía miedo de la vejez y de la muerte.
La vejez para ella eran los treinta años,
La Guerra de los Treinta Años,
Los treinta años de Cristo cuando empezó a predicar,
Una edad como cualquier otra, le decía mientras cenábamos
A la luz de las velas
Contemplando el discurrir del río más literario del planeta.
Pero para nosotros el prestigio estaba en otra parte,
En las bandas poseídas por la lentitud, en los gestos
Exquisitamente lentos
Del desarreglo nervioso,
En las camas oscuras,
En la multiplicación geométrica de las vitrinas vacías
Y en el hoyo de la realidad,
Nuestro absoluto,
Nuestro Voltaire,
Nuestra filosofía de dormitorio y tocador.
Como decía, una muchacha inteligente,
Con esa rara virtud previsora
(Rara para nosotros, latinoamericanos)
Que es tan común en su patria,
En donde hasta los asesinos tienen una cartilla de ahorros
y ella no iba a ser menos,
Una cartilla de ahorros y una foto de Tristán Cabral,
La nostalgia de lo no vivido,
Mientras aquel prestigioso río arrastraba un sol moribundo
Y sobre sus mejillas rodaban lágrimas aparentemente gratuitas.
No me quiero morir, susurraba mientras se corría
En la perspicaz oscuridad del dormitorio,
Y yo no sabía qué decir,
En verdad no sabía qué decir,
Salvo acariciarla y sostenerla mientras se movía
Arriba y abajo como la vida,
Arriba y abajo como las poetas de Francia
Inocentes y castigadas,
Hasta que volvía al planeta Tierra
Y de sus labios brotaban
Pasajes de su adolescencia que de improviso llenaban nuestra habitación
Con duplicados que lloraban en las escaleras automáticas del metro,
Con duplicados que hacían el amor con dos tipos a la vez
Mientras afuera caía la lluvia
Sobre las bolsas de basura y sobre las pistolas abandonadas
En las bolsas de basura,
La lluvia que todo lo lava
Menos la memoria y la razón.
Vestidos, chaquetas de cuero, botas italianas, lencería para volverse loco,
Para volverla loca,
Aparecían y desaparecían en nuestra habitación fosforescente y pulsátil,
Y trazos rápidos de otras aventuras menos íntimas
Fulguraban en sus ojos heridos como luciérnagas.
Un amor que no iba a durar mucho
Pero que a la postre resultaría inolvidable.
Eso dijo,
Sentada junto a la ventana,
Su rostro suspendido en el tiempo,
Sus labios: los labios de una estatua.
Un amor inolvidable
Bajo la lluvia,
Bajo ese cielo erizado de antenas en donde convivían
Los artesonados del Siglo XVII
Con las cagadas de palomas del Siglo XX.
Y en medio
Toda la inextinguible capacidad de provocar dolor,
Invicta a través de los años,
Invicta a través de los amores
Inolvidables.
Eso dijo, sí.
Un amor inolvidable
Y breve,
¿Como un huracán?,
No, un amor breve como el suspiro de una cabeza guillotinada,
La cabeza de un rey o un conde bretón,
Breve como la belleza,
La belleza absoluta,
La que contiene toda la grandeza y la miseria del mundo
Y que sólo es visible para quienes aman.



LA FRANCESCA

An intelligent woman.
A beautiful woman.
Knew all the variants, all the possibilities.
Reader of Duchamp’s aphorisms and the stories
of Defoe.
In general possessing an enviable self-control,
Except when she got depressed and got drunk,
Something that could last two or three days
a succession of Burdeos and valiums
that gave you goosebumps.
Later she’d usually tell you the stories
of the things that happened to her
when she was between 15 and 18 years old.
A sex and horror movie.
Naked bodies and lawless deals,
a vocational actress but at the same time a girl with rare features of greed.
I met her when she’d just turned 25,
in a quiet period.
I assume she was afraid of old age and death.
Old age to her were the 30s
the 30s of Christ when he began predicating,
it’s an age just like any other, I told her while dining
by candlelight
 contemplating the flow of the most literary river on the planet.
But to us the prestige was elsewhere,
in the bands possessed by the slowness,
in the exquisite slow gestures
of the nervous breakdown
in the darkened beds
in the geometrical multiplication of the empty show windows.
And in the hole of reality,
our absolute
our Voltaire,
our philosophy of  bedroom and powder room.
As I said, an intelligent woman,
with that rare foresighted virtue
(Rare to us, Latin Americans)
that is so common in her fatherland,
the nostalgia of the unlived life
while the prestigious river dragged with it a dying sun
and apparently gratuitous tears ran down her cheeks.
I don’t want to die, she whispered, while cumming
in the sharp obscurity of the room,
and I didn’t know what to say,
I really didn't know what to say,
Except to caress her and support her while she moved
Up and down like life,
Up and down like the poets of France
Innocent and punished,
Until she returned to planet Earth
And from her lips sprouted
Passages from her adolescence that filled our bedroom on the spot
With copies crying on metro escalators
With copies making love to two guys at once
While rain was falling outside
Over garbage bags and over abandoned pistols,
the rain that washes all
except for memory and reason.
Dresses, leather jackets, Italian boots, lingerie to drive oneself mad,
to drive her crazy,
appeared and disappeared in our phosphorescent and pulsatile room,
and quick brushes of other –less intimate- adventures
fulgurated in her wounded eyes, as glow worms.
A love that was not going to last
but in the end would be unforgettable.
that’s what she said, next to the window,
her face suspended in time,
her lips: the lips of a statue.
An unforgettable love
under the rain,
under that sky filled with antennas
where the coffered ceilings of the XVII century
coexisted with the shit of pigeons in the XX century.
And in between
all the inextinguishable capacity of inflicting pain,
unbeaten through the years
unbeaten through the unforgettable loves.
That’s what she said, yes
A short
and unforgettable
love.
¿Like a hurricane?
no, a short love as the sigh of a guillotining head,
the head of a king
short as beauty,
the absolute beauty,
the one that contains all the majesty and misery of the world
and it’s only visible for those who love. 




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