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domingo, 18 de mayo de 2014

Henri Michaux, Amores, de El Pulso de Las Cosas

Henri Michaux

Tú, a quien no sé dónde esperar y que no leerás este libro,
tú que siempre has puesto en el banquillo de los escritores,
pequeñas gentes, mezquinos, faltos de verdad, vanidosos.
Tú, para quien Henri Michaux se ha vuelto un nombre propio tal vez en todo parecido a los que vemos en las crónicas acompañados de la edad y de la profesión.
Tú que vives en compañía de otros, otras llanuras, otros alientos,
y por quien sin embargo me había malquistado con toda una ciudad, capital de un país numeroso,
y que al irte no me has dejado ni un cabello, pero sí la recomendación de quemar tus cartas, ¿no estarás en este mismo momento como yo, entre cuatro paredes y soñando?
Dime, ¿todavía te divierte seducir a los tímidos muchachos con tu suave mirada de hospital?
Yo siempre tengo la mirada fija y loca,
que busca un no sé qué de personal,
un no sé qué donde adherirme en esta infinita materia invisible y compacta,
que hace el intervalo entre los cuerpos de la materia así llamada.
Sin embargo, me he abandonado a un nuevo “nosotros”.
Ella tienen como tú los ojos de lámpara muy leve, más grandes, una voz más densa, más baja y una clase tan parecida a la tuya en su inicio y en su andar.
Ella tiene… ¡tenía, digo!
Mañana ya no tendré a mi amiga Banjo;
Banjo,
Banjo,
Bibolabanja, la banja también.
Bibolabuena, más dulce aún.
Banjo,
Banjo,
Banjo, tan sola, banjelita,
mi Banjeby,
tan cariñosa, tan tierna,
he perdido tu garganta menuda,
menuda,
y tu inefable cercanía,
mintieron todas mis cartas, Banjo… y ahora me voy
tengo un boleto en la mano: 17:084.
Compañía Real Holandesa.
No hay más que seguir este boleto para llegar al Ecuador.
Mañana, boleto y yo, nos vamos,
partimos para Quito, esa ciudad con nombre de cuchillo.
Me retuerzo nada más de pensarlo.
Sin embargo alguien podría decirme:
        ”Bueno, que ella parta con usted.”



-         Henri Michaux (Traducción de Jorge Esquinca)


1 comentario :

  1. Amable pedido a Jorge Esquinca para que culmine la traducción de Amores, porque falta aún la imprecación de Michaux a sus dioses (Lautreamont incluido).

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