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jueves, 30 de octubre de 2014

Mi cuerpo cae y es dulce (CR)

    



      Porque el tiempo siempre fue el principio de algo que no llegué a ver. Porque tal vez el cielo estuvo tanto tiempo oscuro que olvidé la visión del sol. Tal vez porque el sol fui yo y nunca estuve. Porque mis mejores recuerdos no los tengo en la memoria sino marcados en mi cuerpo, como latigazos oscuros de la inconciencia humana. Porque sé que no importa cuánto escriba el dolor y el tiempo seguirán afilando mis facciones hasta hacerme irreconocible en el espejo. Porque mis músculos son ágiles ahora y en medio minuto tiemblan, porque tal vez quise creer un día y me quedé a medio camino por cansancio a la fe. Porque la fe siempre me pareció una mujer masturbándose frente a mi ventana. Tal vez porque río al escuchar las sonatas en fa menor, porque el pianoforte que me espera en un teatro escondido en la fría ciudad me hace feliz, porque Cronemberg usando Liberty de Eluard me hace volver a creer, porque hoy lloré al ver un cachorro y supe que aun sentía. Que ya no sé quien soy pero me encuentro todos los días y soy distinta y creer que eso es posible se ha vuelto política y no prioridad, porque me tomo de la mano si me siento sola y me basta. Porque sé de caminos y pies descalzos y de pájaros que ríen en las nubes, porque el riesgo de no encontrarte era el mismo riesgo de morir y en realidad siempre quise las dos cosas: la muerte y a ti. Una vieja tiembla de frío en un rincón con una bolsa de munecas de plástico, pide euros y besos, no tiene dientes, fantaseo en intercambiar fluidos como una propuesta de rebelión salvaje, pero me voy, como me voy casi siempre, lejos de todo aquello que me prometa un futuro sólido y establecido. Se notan dos siluetas en la niebla, las dejo atrás y me despido, los desconocidos son fosas nasales que sangran. Entro a un tranvía y el sonido me recuerda al respirador conectado a un paciente terminal, le reconozco, sus pies tan fríos, sus párpados tan violetas y cerrados, es una imagen hermosa, me masturbo. Me hace dano. Dejar atrás ciertas imagenes es imposible; como olvidar los susurros del viento en invierno, o el sonido de un cuerpo al caer.
Me conmueve la menstrua y su cara de idiota, sonrío, hay flores que sobreviven la lluvia y el azote fantasmal de las tormentas de hielo, su muerte es lenta y dolorosa. La naturaleza es siniestra y no admite accidentes. Madre naturaleza, madre turbia, madre sabia, madre vengativa, madre colmillos, madre abusiva, madre. Poderes extraordinariamente oscuros. Hay imagenes que no se dejan atrás, como tu cuerpo sobre el mío derramando cenizas. No hay felicidad que resista el volver. Insisto en la lobotomía no como método de disuasión, sino en defensa propia. Mi cuerpo cae, lo veo desde la ventana y es dulce.

      CR


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