Buscador

jueves, 16 de octubre de 2014

Siempre me dio asco... Victoria Grace

Edward S. Curtis, Nuhlimkilaka


Su cuerpo y su alma le provocan tanto asco que necesita usar otras pieles que no tiene;
necesita inventarse historias llenas de odio y de arrepentimiento, en donde él es un cínico nauseabundo que muy poco se parece a su verdadero yo. Tiene miedo de morir desnudo en el piso sobre charcos de sus propios orines. Tiene miedo de caerse en público y tropezarse con la vida que pudo haber tenido, con el tipo que habría querido ser; se mira al espejo perdiendo sus guerras y le duele.

Siempre me dio asco, no voy a negarlo ahora. Sus piernas débiles encogiéndose en mitad del orgasmo, su aliento fétido y sus gemidos de animal herido. Pero me otorgaba el poder; el tipo de poder venenoso que solo un hombre enamorado puede entregarle a una mujer. Voluntariamente se entregó a un estado de vulnerabilidad crónico, del que solo salía con sus historietas de amor empedernido, en donde era él el protagonista y nadie más. Enfermo de ego por todo aquello que carece, pero sobre todo enfermo de miedo por lo que jamás podrá tener.

Le gustaba pensar que me hacía dano – a mí y a otros – solo para refugiarse de todos sus monstruos en esa inútil posibilidad. Sabía que nunca sería suficiente y no lo soportaba. Hoy le imagino arrastrándose por las paredes, babeando sus franelas y su pecho, eyaculando tristezas sobre su abdomen abultado, viviendo de encuentros pornográficos en el ordenador y amores a una distancia prudente para sentir la tranquilidad de no estafar a nadie.

Sus gotas de vómito amarillo, sus potenciales cuidados de enfermería, su olor rancio, su actitud de muerto estafado por la vida. Y su inmenso deseo de volver desde tan lejos, con el afilado gesto de sus manos y la tristeza en los rostros de quienes lo veían regresar, con su paso lento y tembloroso; lo recibíamos igual, sintiendo lástima por dentro, asqueados por su severa insistencia.

Él se creaba los crímenes y el castigo, necesitaba creer que era él quien provocaba el dano que sentía y nosotros lo dejábamos, como se le deja a los viejos quejarse a ratos, porque sabemos que solo son ratos lo que les queda.


Siempre me dio asco y no siento pena, las culpas solo son tumbas silenciosas llenas de mariposas muertas. 


-Victoria Grace


No hay comentarios :

Publicar un comentario