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martes, 4 de noviembre de 2014

Declaro;



Yo que siempre busco excusas y dilaciones, escogí la poesía como método de escape. Me declaro antipoeta, no porque odie a los poetas, todo lo contrario, en donde otros ven vírgenes y santos yo veo poetas: los devoro, los digiero, les rezo y sobre todo dirijo mi vida según sus ensenanzas. 
Soy antipoeta porque si Pizarnik me hubiera conocido, me habría ignorado, quizá habría declarado alguna oración sarcástica en mi contra. De haberme tropezado con Pavese me habría regalado sus sobres de somníferos como un signo de solidaridad. Bukowski me habría envenenado. Ginsberg me habría dado la espalda. Holan me habría invitado a la reclusión en Kampa. Kafka ni siquiera habría reparado en mi presencia; y yo habría continuado mirándolo fría y sola. 
Declaro que mis poemas no son más que consecuencias de la veneración ya anunciada, y que revelan mis gustos literarios y la sordidez idealizada con la que prometí vivir este facsimil existencial. Mi proceso creativo, si es que se le puede dar ese nombre, progresa a medida que leo verdadera poesía y literatura, esto quiere decir que todo lo que deriva a partir de mi capacidad lectora es una repetición infinita de los clásicos. Repetición es, quizá, una medida demasiado elevada. Leo e intento acercar a otros hacia lo que he leido, de manera que no repito: reduzco, disminuyo, simplifico y a partir de allí nace mi pseudopoesía. Esto no quiere decir que en virtud de mi disposición simplista me encuentre en una condición más óptima que otros de comprender lo que quisieron decirnos los verdaderos sabios. No. Solo significa una cosa: el mundo no me interesa, invierto mi tiempo en leer porque todo lo demás me da náuseas y el único remedio es el traslado a un estado aislado de individualidad, en el que no solo me siento cómoda y feliz sino que además tengo un porcentaje mayor de tiempo que se traduce estadísticamente en una mayor probabilidad de extraer pasajes memorables de los libros. 
Por lo tanto no se trata de una capacidad enloquecida para devorar libros, ni se trata de convertirme en un medio entre Lacan, Foucault, Breton, Éluard y nosotros los mortales, se trata de un instinto totalmente individualista de acomodarme a un mundo que no me interesa, con gente que me interesa mucho menos y al que estoy destinada a pertenecer. De esta forma leo y más adelante escribo las simplificaciones de productos de mentes brillantes mucho menos simples que la mía. En otras palabras, mis poemas son una mierda y me harían un favor gigantesco si dejaran de leerlos. Cortázar diría que si hay algo imperdonable es la estafa a los lectores.
 No se puede ser apresurados con la poesía, la realidad termina tornándose más fuerte que cualquier ideología, pero la verdadera poesía permanece como un estandarte de libertad para todos los que vengan y no representen al sistema de ideales impuestos por esa realidad. De este modo, debemos ser cautelosos al llamar cualquier combinación de palabras poesía, y pido disculpas de antemano por la frivolidad cínica con la que muchas veces utilicé mis intentos de poesía para vestir de ego el trabajo de otros. La poesía, como la verdad, no le pertenece a nadie. La poesía es eso que nos cambia la existencia y nos hace cargar con una nostalgia insoportable, cualquier reflexión Coehliana no es poesía, así como tampoco lo es cualquier uso astuto y arriesgado de palabras. Comprendo que todos nos esforcemos severamente por lograr la inmortalidad que tan bien describe Kundera, pero dejemos a la poesía en paz, no la utilicemos para nuestros fines de rebeldes egoístas comprometidos con el ideal anárquico de nuestra self-trascendense. Si, en el mundo sigue existiendo demasiada gente y pocas ideas, pero dejemos a la poesía fuera de esa pelea agónica por la trascendencia. El arte debe ser libre como el fin en sí mismo que realmente es. Todo lo demás es manipulación y falsificación barata. 
Me declaro antipoeta por respeto a la poesía y lo que ella significa para mi y para muchos.



CR


2 comentarios :

  1. Tal vez sea inoportuno, pero lugo de leer esta entrada de tu blog sentí cierta necesidad de decirte algo.
    Yo no sé si sos poeta o anti-poeta, no soy quien para decirlo puesto que sospecho que has leido mucha más poesía que yo. Lo que si puedo decir es que si Pizarnik te dedicara un comentario sarcástico, sería por creerte todo eso de la-verdadera-poesía, de la-verdadera-originalidad. Todos tienen, todos tenemos distintos grados de facsimilitud con quienes veneramos en el arte. ¿Acaso Alejandra no escribió sus poemas, en especial los de sus primeros poemarios, a la sombra de su venerado Rimbaud?. No es casual que elija un pasaje de Rimbaud para empezar su La tierra más ajena. Y probablemente ella también haya pensado que Rimbaud (o Nerval o quien sea) le hubiera dado la espalda. Quien sabe...
    A modo de reivindicación de tu poesía yo declaro que, aunque no te parezca, tiene una entidad propia diferenciable de tus venerados poetas-verdaderos (te diste cuenta la cantidad de veces que usaste la palabra "verdaderos" en este texto?). Y lo digo porque sigo el blog desde hace tiempo y puedo ver los cambios en tu poesía. Puedo ver las influencias de los escritores que estás leyendo, por supuesto, pero también puedo ver un núcleo que la hace tuya. Así que lamento comunicarte que tu labor repetidora no es tan perfecta, tu ser se filtra a través de la pretendida copia, tu esencia se lee entre líneas más allá de que se puedan identificar las influencias.

    Todo lo anterior no era lo relevante. Creo que lo que motivó a que escriba esto es tu frase de "En otras palabras, mis poemas son una mierda y me harían un favor gigantesco si dejaran de leerlos." Mi respuesta a eso sería: al carajo con lo que pienses de tus propios poemas, yo voy a seguir leyendote así que más te vale que sigas escribiéndolos. Porque muchos de tus poemas me han parecido tan lejanos de la mierda como para que me copie algunos de sus versos en mi cuaderno de citas. Así que no: no voy a hacerte ese gran favor. En todo caso yo te pido un favor, que sigas teniendo el valor de escribir y publicarlos aquí en el blog. Porque algunos jamás nos vamos a animar a mostrar lo que escribimos, así que eso ni siquiera serían anti-poemas, serían no-poemas porque no tienen lectores.

    Nada más, aquí termino mi diarrea mental. De un lector de antipoesía a una antipoetisa.

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    1. Lautaro, intenté responderte, creo que el mensaje nunca se envió. El tiempo... ese 'nunca' parece una vida y fue un minuto.

      Nunca se es inoportuno. Ser inoportuno es no serlo.

      Creer en la poesía como quien cree en una bandera, en un santo, en una república, en una idea. Con una convicción que aterroriza y un sentido de autoridad que distancia. El horror de escribir, como el miedo de pasearse por una ciudad y pisar demasiado fuerte sus anos de historia. Respeto infinito hacia aquello que nos ha salvado incontables veces. Existe cierta castidad rudimentaria, se escribe con horror, pero se escribe.

      Kusjes Lautaro, nos leemos y gracias por pasar!

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