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viernes, 29 de enero de 2016

Dead Child, CR-VocalesV



I was sure that love was a space, a place to stay forever, secure, secluded from the war outside. But it is not. Love exists, but is not a place to stay.

I can’t compete with a dead child. The force of death always between you and me. And I accept it, I welcome it because it freed me from commitments, from inventions of my brain, from someone who did not resemble me.

Let me read you one last time and I’ll walk away, because darling, I learned to run away a long time ago. I’m not afraid… not anymore.


Welcome writing. I will not compete with a dead child.




CR- VocalesV


jueves, 28 de enero de 2016

En el espejo


Paddi in the mirror

Al morder los restos de una semilla de limón, luego de haber sido procesada en la licuadora, tiene la misma consistencia que un pedazo de uña. La saliva difumina las diferencias y la mente se agita con su composición. Lo mismo ocurre contigo, en algún lugar del Sur, cuyo nombre me he prohibido pronunciar. Tienes la misma consistencia de otros, aún así, esencialmente, tu constitución es distinta. Te has pasado años buscando a la balleza, pero has concluido que la belleza carece de corporalidad, y ¿Cómo podría ser distinto? Te respondes ahora, ¿Cómo podría reducirse la belleza a una materia ordinaria, capaz de ser tocada, contada y descrita con absoluta atención a los detalles? No, ciertamente no es posible, entender a la belleza de esa forma sería interpretarla como una realidad fisiológica, alejarla de mitos, hacerla humana, y no hay nada más alejado de la belleza que lo humano y todo lo que se le asemeja. Por eso admiramos lo que en nuestra opinión es extraordinario, pero la belleza ni siquiera entra en esa definición, y lo has entendido ahora, después de tanto buscarla. Entonces comenzaste a escribir, para dejar tus heridas por escrito, las borraste y las reescribiste y las pegaste a la pared, como un culto prudente a todo lo que fuiste y dejaste de ser. Brillante, por eso le das tantas vueltas a preguntas existenciales, que no tocan temas personales, pero aún así, te cambian la vida, el nombre, la dirección. Y son las respuestas las que te han dado excusas para perdonar a todo aquel que te hizo daño, y las respuestas las encontramos ambos al mismo tiempo, y comprendimos la libertad, no de los otros, sino de nosotros mismos. Y qué decir del amor cuyo nombre solo evidencia finales, por eso es tan necesario, porque las conclusiones son importantes.

Una noche acostada en tu cama soñé que una muñeca crecía en mi vientre y con precisión quirúrgica desgarré mi piel para sacar a esa figura intrusa, que inflaba mi cuerpo y lo invadía sistemáticamente. Asqueada, como quien saca larvas de una herida, tomé su cabeza, estaba viva y azul y sin quitarme la mirada de encima, se escondió bajo tu cama y se quedó allí, en medio de la náusea. Hace algunos días volví a soñar con la misma muñeca-larva-azul, de mirada fija y oscura, de lengua negra incestuosa. “¿Cuál es tu sueño?” me preguntó “escribir una novela” le respondí, desviando mi mirada, “entonces, ¿Por qué no escribes?”

Nunca puede reproducirse un sueño como realmente ocurrió mientras soñábamos, pero quedan ciertas imagenes, colores, que nos llevan a concluir que así pasaron las cosas y nos quedamos con esa versión, no porque sea lo más cómodo, sino porque es nuestra mejor opción. Lo mismo ocurre con el pasado, cuando un momento pasa, la reproducción del mismo no es la misma, ya desde su nacimiento está destinada a ser lo que no fue. Aún así, se encuentran las palabras y allí está la enorme función del lenguaje, siempre encuentra las palabras para darle vida al silencio y a las experiencias silenciadas, a pesar de sus trampas, de sus límites: el lenguaje encuentra las palabras si la escritura es honesta, alejada de pretensiones. Si en algún momento vuelvo a soñar con la muñeca que salió de mi cuerpo y vive bajo tu cama, le diré que no escribo porque aún tengo demasiadas pretensiones que matar, y ese es un intento sincero de sumisión al lenguaje, que no entiende de egos, ni finalidades, al saberse fin y no instrumento.

 Creo que esa es una de las formas de encontrar a la belleza, en la carencia de vanidad, en la carencia absoluta de un fin porque lo que se crea o lo que se es, es un fin en sí mismo. La belleza y la corporalidad no son compatibles, por lo tanto enunciar a la primera bajo el concepto de una idea que se materializa, es mentir. 

El amor con sus finales es un espejo, y lo sigue siendo a pesar de los finales. Las historias que se escriben también, por eso es tan incómodo escribir, por eso es tan difícil.  

- CR, VocalesV


Elena Ferrante on books...




I believe that books, once they are written, have no need of their authors. If [books] have something to say, they will sooner or later find readers; if not, they won’t.

-Elena Ferrante 


Fragment of My Brilliant Friend by Elena Ferrante

 
Web

She got up, took off her underpants and bra, said, “Come on, help me, otherwise I’ll be late.”
I had never seen her naked, I was embarrassed. Today I can say that it was the embarrassment of gazing with pleasure at her body, of being the not impartial witness of her sixteen-year-old’s beauty a few hours before Stefano touched her, penetrated her, disfigured her, perhaps, by making her pregnant. At the time it was just a tumultuous sensation of necessary awkwardness, a state in which you cannot avert the gaze or take away the hand without recognizing your own turmoil, without, by that retreat, declaring it, hence without coming into conflict with the undisturbed innocence of the one who is the cause of the turmoil, without expressing by that rejection the violent emotion that overwhelms you, so that it forces you to stay, to rest your gaze on the childish shoulders, on the breasts and stiffly cold nipples, on the narrow hips and the tense buttocks, on the black sex, on the long legs, on the tender knees, on the curved ankles, on the  elegant feet; and to act as if it’s nothing, when instead everything is there, present, in the poor dim room, amid the worn furniture, on the uneven, water-stained floor, and your heart is agitated, your veins inflamed.

I washed her with slow, careful gestures, first letting her squat in the tub, then asking her to stand up: I still have in my ears the sound of the dripping water […] I had a confusion of feelings and thoughts: embrace her, weep with her, kiss her, pull her hair, laugh, pretend to sexual experience and instruct her in a learned voice, distancing her with words just at the moment of greatest closeness. But in the end there was only the hostile thought that I was washing her, from hair to the soles of her feet, early in the morning, just so that Stefano could sully her in the course of the night. I imagined her naked as she was at the moment, entwined with her husband, in the bed in the new house, while the train clattered under their windows and his violent flesh entered her with a sharp blow, like the cork pushed by the palm into the neck of a wine bottle. And it suddenly seemed to me that the only remedy against the pain I was feeling, that I would feel, was to find a corner secluded enough so that Antonio could do to me, at the same time, the exact same thing.

[…]


She turned with a sudden expression of fear.
“What’s going to happen to me, Lenú?”


- Elena Ferrante (1943, Naples) 


Books and other drugs


Leerme estos tres libros en un vuelo, no demuestra mi capacidad lectora, solo demuestra el genio de estos dos escritores. Ferrante y Modiano son una droga. 



Fragment by Jeffrey Eugenides



On the morning the last Lisbon daughter took her turn at suicide – it was May this time, and sleeping pills, like Therese – the two paramedics arrived at the house knowing exactly where the knife drawer was, and the gas oven, and the beam in the basement from which it was possible to tie a rope.

[…]

Cecilia, the youngest, only thirteen, had gone first, slitting her wrists like a Stoic while taking a bath, and when they found her, afloat in her pink pool, with the yellow eyes of someone possessed and her small body giving off the odor of a mature woman, the paramedics had been so frightened by her tranquility that they had stood mesmerized. But then Mrs. Lisbon lunged in, screaming, and the reality of the room reasserted itself: blood on the bath mat; Mr. Lisbon’s razor sunk in the toilet bowl, marbling the water. The paramedics fetch Cecilia out of the warm water because it quickened the bleeding, and put a tourniquet on her arm. Her wet hair hung down her back and already her extremities were blue. She didn’t say a word, but when they parted her hands they found the laminated picture of Virgin Mary she held against her budding chest.

[…]


Mrs. Scheer, who lives down the street, told us she saw Cecilia the day before she attempted suicide. She was standing by the curb, in the antique wedding dress with the shorn hem she always wore, looking at the Thunderbird encased in fish flies. “You better get a broom, honey,” Mrs. Scheer advised. But Cecilia fixed her with her spiritualist’s gaze. “They’re dead,” she said. 


- The Virgin Suicides, Jeffrey Eugenides (Detroit, 1960)


martes, 5 de enero de 2016

Fragmento de L'élégance du hérisson de Muriel Babery

Le hérisson


Apparemment, de temps en temps, les adultes prennent le temps de s’asseoir et de contempler le désastre qu’est leur vie. Alors ils se lamentent sans comprendre et, comme des mouches que si cognent toujours à la même vitre, ils s’agitent, els souffrent, ils dépérissent, ils dépriment et ils s’interrogent sur l’engrenage qui les a conduits là où ils ne voulaient pas aller. Les plus intelligents en font même une religion : ah, la méprisable vacuité de l’existence bourgeoise !  

[…]

Moi, j’ai douze ans, j’habite au 7 Rue de Grenelle dans un appartement de riches. Mes parents sont riches, ma famille est riche et ma sœur et moi sommes par conséquent virtuellement riches […] Malgré cela, malgré toute cette chance et toute cette richesse, depuis très longtemps, je sais que la destination finale, c’est le bocal à poisson.

[…]

Mais ce qui est certain, c’est que dans le bocal, je n’irai pas. C’est une décision bien réfléchie. Même pour une personne aussi intelligente que moi, aussi douée pour les études, aussi différente des autres et aussi supérieure à la plupart, la vie est déjà tracée et c’est triste à pleurer : personne ne semble avoir songé au fait que si l’existence est absurde, y réussir brillamment n’a pas plus de valeur qu’y échouer. C’est seulement plus confortable. Et encore : je crois que la lucidité rend le succès amer alors que la médiocrité espère toujours quelque chose.
J’ai donc pris ma décision. Je vais bientôt quitter l’enfance et malgré ma certitude que la vie est une farce, je ne crois pas que je pourrai résister jusqu’au bout. Au fond, nous sommes programmés pour croire à ce qui n’existe pas, parce que nous sommes des êtres vivants qui ne veulent pas souffrir. Alors nous dépensons toutes nos forces à nous convaincre qu’il y a des choses qui en valent la peine et que c’est pour ça que la vie a un sens. J’ai beau être très intelligent, je ne sais pas combien de temps encore je vais pouvoir lutter contre cette tendance biologique. Quand j’entrerai dans la course des adultes, est-ce que je serai encore capable de faire face au sentiment de l’absurdité ? Je ne crois pas. C’est pour ça que j’ai pris ma décision : à la fin de cette année scolaire, le jour de mes treize ans, le 16 juin prochain, je me suiciderai. Attention, je ne compte pas faire ça en fanfare, comme si c’était un acte de courage ou de défi. D’ailleurs, j’ai bien intérêt a ce que personne ne soupçonne rien. Les adultes ont avec la mort un rapport hystérique, ça prend des proportions énormes, on en fait tout un plat alors qu’est pourtant l’événement le plus banal au monde. Ce qui importe, en fait, ce n’est pas la chose, c’est son comment. Mon côte japonais penche évidement pour le seppuku […] Le 16 juin, je me suicide. Mais pas de seppuku. Ce serait plein de sens et de beauté mais je n’ai pas du tout envie de souffrir. En fait, je détesterai souffrir ; je trouve que quand on prend la décision de mourir, justement parce qu’on considère qu’elle entre dans l’ordre des choses, il faut faire ça en douceur.

[…]


Cela dit, ce n’est pas parce qu’on projette de mourir qu’on doit végéter comme un légume déjà pourri. C’est même tout le contraire. L’important, ce n’est pas de mourir ni à quel âge on meurt, c’est ce qu’on est en train de faire au moment où on meurt. 



- Muriel Babery, L'élégance du hérisson (Casablanca, 1969)




domingo, 3 de enero de 2016

Bajo mis pies, CR




La autofelación de un feto en el vientre materno, es una imagen del mundo. Las radiografías de mis huesos rotos, son un libro abierto del impacto al caer. La muerte es un regalo que no llega. Ambos intentamos ahogarnos en la existencia, pero aprendemos a nadar como marionetas manejadas por manos ajenas. La libertad es un recuerdo lejano que ya no podemos definir. El cielo está roto, como tus manos, y nos alejamos en las calles llenas de gente y de ruidos extraños para tomar refugio en un mundo que no existe. Eran tiempos complejos, esos días de sol y ventanas abiertas, de pasillos inundados por tus pasos, que ya no hacen ruido para no molestar. La imagen de un padre y su hijo pequeño, me repugna, hay demasiada intimidad entre ellos y se adivina una porción de nostalgia en el padre que obedece al común de los hombres. Repetirse a uno mismo en sus hijos es la prueba más evidente del ego. Buscar nuestra propia identidad en otro cuerpo, para poder culparlos más tarde. La descendencia te ensucia el alma. Todos mis hijos han de morir antes de nacer, antes de siquiera poder imaginarse como una idea. Mujer incompleta, mujer sin alma, mujer que no entiende, madre de niños muertos. En 20 años, me dicen algunos, no será un tema de gracia, sino de soledad. ¡Ah! Pero es que la soledad alimenta el alma, aún no han entedido nada.


Mi historia comienza en una playa muy fría, de cielo gris y fuerte viento. Una mujer envuelta en un manto se acerca a la orilla, tocando el agua con sus pies. Es una imagen hermosa en una playa vacía. Levanta su manto por los tobillos y comienza a danzar, llamando a los dioses, esperando a la luna. Quienes podemos verla aprendemos a reir, como seres extraños, hipnotizados por la brisa y los susurros de una arena extranjera. Pero hay muchos otros que no la ven y continúan con sus conversaciones, sin prestar atención a la mujer que ahora se desnuda, mostrando sus pezones oscuros. No somos extraordinarios, por eso nos envuelve esta imagen que no es corriente. Es un modo de escape, quisiera ser yo la mujer que se desnuda y baila, pero soy quien la observa, y ese papel no puede cambiarse en esta historia. Esta mujer se repite en otras ciudades y mi adoración y mis celos crecen y entonces se, que tendré siempre lo que muchos quieren pero yo detesto: una vida normal, y me entregaré a observar y a matar lo extraordinario. Entonces corro hacia la mujer y la ahogo. Ella me agradece su muerte y yo le agradezco esa responsabilidad, y trato de danzar frente a su cuerpo que flota, pero no puedo moverme, pues hay pequeños cangrejos negros bajo mis pies. 


- CR-VocalesV



Frangment III L'Identité, Milan Kundera



Le jour suivant elle est allée au cimetière (comme elle le fait au moins une fois par mois) et s’est arrêtée devant la tombe de son fils. Quand elle est là, elle parle toujours avec lui et ce jour-là, comme si elle avait besoin de s’expliquer, de se justifier, elle lui dit, mon chéri, mon chéri, ne pense pas que je ne t’aime pas ou que je ne t’ai pas aimé, mais c’est précisément parce que je t’ai aimé que je n’aurais pu devenir celle que je suis si tu étais toujours là. Il est impossible d’avoir un enfant et de mépriser le monde tel qu’il est, parce que c’est dans ce monde que nous l’avons envoyé. C’est à cause de l’enfant que nous nous attachons au monde, pensons à son avenir, participons volontiers à ses bruits, à ses agitations, prenons au sérieux son incurable bêtise. Par ta mort, tu m’as privée du plaisir d’être avec toi, mais en même temps tu m’as rendue libre. Libre dans mon face-à-face avec le monde que je n’aime pas. Et si je peux me permettre de ne pas l’aimer, c’est parce que tu n’es plus là. Mes pensées sombres ne peuvent plus t’apporter aucune malédiction. Je veux te dire maintenant, tant d’années après que tu m’as quittée, que j’ai compris ta mort comme un cadeau et que j’ai fini par l’accepter, ce terrible cadeau.

- Milan Kundera 


Fragmento L'identité, Milan Kundera



Je veux te dire maintenant, tant d’années après que tu m’as quitté, que j’ai compris ta mort comme un cadeau et que j’ai fini par l’accepter, ce terrible cadeau.

- Milan Kundera (L'Identité) 



Fragmento l'identité de Milan Kundera



À la fin de ma visite à l’hôpital, il a commencé à raconter des souvenirs. Il m’a rappelé ce que j’ai dû dire quand j’avais seize ans. À ce moment, j’ai compris le seul sens de l’amitié telle qu’on la pratique aujourd’hui. L’amitié est indispensable à l’homme pour le bon fonctionnement de sa mémoire. Se souvenir de son passé, le porter toujours avec soi, c’est peut-être la condition nécessaire pour conserver, comme on dit, l’intégrité de son moi. Afin que le moi ne rétrécisse pas, afin qu’il garde son volume, il faut arroser les souvenirs comme des fleurs en pot et cet arrosage exige un contact régulier avec des témoins du passé, c’est-à-dire avec des amis. Ils sont notre miroir ; notre mémoire ; on n’exige rien d’eux, si ce n’est qu’ils astiquent de temps en temps ce miroir pour que l’on puisse s’y regarder.
[…]
J’aimais dire : entre la vérité et l’ami, je choisis toujours l’ami. Je le disais par provocation mais je le pensais sérieusement. Je sais aujourd’hui que cette maxime est archaïque. Elle pouvait être valable pour Achille, l’ami de Patrocle, pour les mousquetaires d’Alexandre Dumas, même pour Sancho qui était un vrai ami de son maitre, en dépit de tous leurs désaccords. Mais elle ne l’est plus pour nous. Je vais si loin dans mon pessimisme que je suis prêt aujourd’hui à préférer la vérité a l’amitié.

-         Milan Kundera (Brno, 1929)


viernes, 1 de enero de 2016

Fragmento de Le Hérisson

Un libro y una película hermosa,..



Ce qui importe , ce n’est pas de mourir , mais ce qu’on fait au moment où on meurt. Renée, qu’est-ce que vous faisiez au moment de mourir ? Vous étiez prête a aimer.


Le Hérisson