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domingo, 3 de enero de 2016

Bajo mis pies, CR




La autofelación de un feto en el vientre materno, es una imagen del mundo. Las radiografías de mis huesos rotos, son un libro abierto del impacto al caer. La muerte es un regalo que no llega. Ambos intentamos ahogarnos en la existencia, pero aprendemos a nadar como marionetas manejadas por manos ajenas. La libertad es un recuerdo lejano que ya no podemos definir. El cielo está roto, como tus manos, y nos alejamos en las calles llenas de gente y de ruidos extraños para tomar refugio en un mundo que no existe. Eran tiempos complejos, esos días de sol y ventanas abiertas, de pasillos inundados por tus pasos, que ya no hacen ruido para no molestar. La imagen de un padre y su hijo pequeño, me repugna, hay demasiada intimidad entre ellos y se adivina una porción de nostalgia en el padre que obedece al común de los hombres. Repetirse a uno mismo en sus hijos es la prueba más evidente del ego. Buscar nuestra propia identidad en otro cuerpo, para poder culparlos más tarde. La descendencia te ensucia el alma. Todos mis hijos han de morir antes de nacer, antes de siquiera poder imaginarse como una idea. Mujer incompleta, mujer sin alma, mujer que no entiende, madre de niños muertos. En 20 años, me dicen algunos, no será un tema de gracia, sino de soledad. ¡Ah! Pero es que la soledad alimenta el alma, aún no han entedido nada.


Mi historia comienza en una playa muy fría, de cielo gris y fuerte viento. Una mujer envuelta en un manto se acerca a la orilla, tocando el agua con sus pies. Es una imagen hermosa en una playa vacía. Levanta su manto por los tobillos y comienza a danzar, llamando a los dioses, esperando a la luna. Quienes podemos verla aprendemos a reir, como seres extraños, hipnotizados por la brisa y los susurros de una arena extranjera. Pero hay muchos otros que no la ven y continúan con sus conversaciones, sin prestar atención a la mujer que ahora se desnuda, mostrando sus pezones oscuros. No somos extraordinarios, por eso nos envuelve esta imagen que no es corriente. Es un modo de escape, quisiera ser yo la mujer que se desnuda y baila, pero soy quien la observa, y ese papel no puede cambiarse en esta historia. Esta mujer se repite en otras ciudades y mi adoración y mis celos crecen y entonces se, que tendré siempre lo que muchos quieren pero yo detesto: una vida normal, y me entregaré a observar y a matar lo extraordinario. Entonces corro hacia la mujer y la ahogo. Ella me agradece su muerte y yo le agradezco esa responsabilidad, y trato de danzar frente a su cuerpo que flota, pero no puedo moverme, pues hay pequeños cangrejos negros bajo mis pies. 


- CR-VocalesV



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