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domingo, 14 de agosto de 2016

Poema al norte, CR




Abrí mis piernas y crecieron flores en el espacio que él ya no habita
cerré los labios y mordí mi lengua para evitar nombrarle.
Matar a la gente
en silencio,
con el silencio,
en la oscuridad.
Matar, matar, matar
sin violencia, sin espectáculos de sangre, sin vicios que comprometan
mi sanidad mental.
Matar en silencio,
 con el silencio,
en la oscuridad.
Quise que mis muertos descansaran a lo alto de una montaña
quise cubrirlos de pasto amarillo y flores silvestres,
con la lluvia cubriendo sus cuerpos, con el viento sacudiendo sus almas.
Pero no hubo muertos porque no hubo a quien matar:
no había nadie, salvo un espejo roto que se repite en versos
que quebrantan mi voz.
Mis muertos morirán a su manera,
y los destruirá la historia que otros contarán de ellos.
Ellos, los mismos que soñaban con morir,
 sin saber que no hay nada más indefenso y olvidable que un muerto.
De todos modos no importa,
porque aquel que no me habita
 nunca sabrá todo lo que perdí cuando él huyó.

Abrí mis piernas y crecieron poemas en los techos
y yo escogí la poesía porque me pareció que ella podía gestarlo todo:
la violencia, por ejemplo
o una revolución.



CR - VocalesV


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