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martes, 27 de septiembre de 2016

Families, Poem by Fatimah Asghar



My boyfriend picks up his bloodline
like a simple phone call.


He has a whole book he's never opened
on an uncle murdered in The Sudan.


On christmas, we find his grandmother
hid him a gift before she even knew


he existed - a binder full of recipes
pulled from each corner of his blood.


*

My best friend says the word granddaddy
and it sails from her lips.


Even after they buried him, my best friend
Says granddaddy and a thousand horses


gallop, brandishing his flag. She says his name
and her spine becomes a mermaid, the whole


house oceans. My best friend says granddaddy,
each syllable honeyed with love and there he is -


sitting at the table, as though he's never left.

*

I say family and shine a light into a graveyard
I say mother and the word dies before I finish.




- Fatimah Asghar


Poem by Fatimah Asghar.
*Photo: Marina Abramovic

*Music in the background: Alexandre Desplat

Fathers' Suicides, CR VocalesV




I saw a man reading Berryman in the subway
with tears in his eyes
and I knew I would never make anyone cry like that
and I felt sad and inadequate.
He saw me staring at him and I turned my head violently
upset with his intromission, breathing heavily, trying to calm myself down
I looked straight to the window
pitch black, light, light, pitch black, black, black, black.

I woke up at a hospital, I had had a panic attack
All I could remember were the dirty hands
of the stranger reading Berryman.
The nurses walked silently around, with their white suits and white shoes,
their hidden problems and obsessions.
“Alcohol, drugs?” None, I say. (My addictions come from other sources)
“Therapy?” Yes, I sigh. (More of a habit than a real solution)
You’re free to go. I gave her a timid smile, I waved goodbye.
In a corner I cried.
I remembered A’s words:
“If you have too much heaviness in your life you’ll be unable to move”
I can’t move, I thought, so I let myself slip down the wall onto the filthy ground
where I sobbed until sunset.

As I walked back
I saw you marching at the head of your soldiers
I saw blood running down your nose
you saw bruises in my knees:
“You have too much heaviness to move”
I heard you thinking,
while in reality you were yelling my name.
My name, that gave me an identity that I can’t figure out,
my name made of two syllables that you cut short to one,
You pronounced my name that day
in the same way as one pronounces an execution.

I bowed and when I lifted my head
suddenly
all the flowers were burning.
And the flowers became men
and the men became corpses.

CR-VocalesV




*In the photo Marina Abramovic
*The song played in the background is Amore (Ryuichi Sakamoto)





domingo, 18 de septiembre de 2016

Fragmento de Emily Rapp, Grief Magic (Read on von Radics blog)


Grey Line with Black, Georgia O´Keeffe

What do ruined people do? Weird shit. This seems to be the consensus of psychoanalysts as far back as Freud and Jung; the traumatized self creates, out of necessity, a system of self-care that is keen to avoid repeat trauma. This makes change difficult; it makes people who’ve had part of their psyches destroyed by unmanageable emotions push people and emotions away, create obstacles, generate unnecessary drama."


- Emily Grapp



Pruebas y Coitos innombrables, CR VocalesV



Georgia O´keeffe


A veces, en mi contra, me vuelvo extranjera
y camino las calles de una ciudad imaginaria 
en donde sangran los vientres
de los hombres y mujeres que amé.

 Esos nombres que forman parte de mi vida
aunque mi lengua no se mueva para pronunciarlos.
Para matar a alguien solo hay que dejar de nombrarlo,
no es tan complicado.

Se que en la vida miras al frente
pero pasas tus noches pintando para mirar atrás.
Yo misma trato de conseguirme en tus pinturas
pero ya no logro reconocer esos rostros, ni esos cuerpos.
Quizá soy yo, siendo las que quise ser
o quizá eres tu inventándome,
como te habría gustado que fuera.
Para eso se pinta, para eso se escribe,
para eso se abandona todo lo demás,
para poder reproducir esas pruebas y esos coitos
innombrables que ya no han de volver.
Allí reside la moral del arte: en excluir a la moral en todas sus manifestaciones.

Hoy comprendes con tus huesos muchas cosas,
comprendes, por ejemplo, que lloraré en silencio cuando mueras
comprendes que comprendo será pronto.
Morirás con tus agujas punzantes y tus drogas piadosas,
morirás con los ojos abiertos y un nombre en tu cabeza.
Morirás sabiendo que ya fuiste todo lo que ibas a ser.

Cuando mueras pondré pequeñas rocas en tus bolsillos.

Ahora que me psicoanalizo, Houellebecq dirá que
he pasado de estar un poco jodida, a ser una escoria
con una crónica inhabilidad para amar.
Tendría razón y estoy segura que lo suscribirías.


CR - VocalesV






jueves, 15 de septiembre de 2016

Poema de Miyó Vestrini, Animal de Ocasión en Valiente Ciudadano



He tenido que compartir mi lugar.
Nadie me ha raptado
para llevarme al suyo.
No tengo África mía mis espaldas,
ni olas,
ni ollas,
ni una calle en el centro de Dublín.
Sole he estado allí,
con pocas palabras
y pobres gestos
y pobre cuerpo.
Aprendí al mismo tiempo La Marsellesa
y el Himno al árbol.
Tuve que leer a Rimbaud y a Andrés Eloy.
Tomé scotch y beaujolais,
con tequeños y caracoles y borgoña.
Alguien descubrió el mundo por mí
y me dejó tirada a mitad de camino
entre el sol
y la niebla.
Mis hijos fueron blancos
y los hombres que amé,
negros.
Ahora descubro que mientras estaba interna
mi madre escribía cuentos eróticos
y mi hermana entraba en trance con un mecánico.
La plaza del pueblo todavía espera por mí
y me contempla
asomada a la ventana
tratando de apurar la noche.
Mis dedos tienen el color del sebo
y soplo para aliviarlos.
Me leen a Víctor Hugo en voz alta
para que aprenda francés
y todavía no se quién es Ismael Rivera
y Luis Alfonso Larraín.


Vete a la mierda,
me dijo mi madre
cuando le reclamé todo esto.
Se dio vuelta hacia la pared y murió.
Ocupé su sitio
detrás de la mesa
y dejé que peinaran mi cabello.



-Miyó Vestrini



miércoles, 14 de septiembre de 2016

El Testamento, Miyó Vestrini


Displaying 20160914_203622.jpg


Te preguntan,
¿A quién dejarás tus cosas cuando mueras?
Entonces miré mi casa y sus objetos.
No había nada que repartir,
salvo mi olor a rancio.
Y la rata.
Ésa que permaneció hostil y silenciosa,
esperando que ocurriera.
Inútil darle de comer
y suavizar su cama con jabón azul.
La esperé cada noche,
ansiosa de ver cómo sus largos bigotes
dejaran de esconder los dientes puntiagudos y depredadores.
Allí estuvo,
mirada astuta
y silencio de esfinge,
esperando que mi sangre corriera.
Vana espera.
La muerte llegó de adentro
por primera vez, calmada y definitiva.
Escribí en la pared su nombre,
para que el último golpe de sol,
a eso de las diez de la mañana,
pusiera sombra sobre mi testamento:
“la rata no permitió que viera la primavera”.
Después de muerta
hice la lista.
Una cena en el mejor restaurante
para Ángeles y Carlos.
Mis libros, mis inéditos guiones para José Ignacio.
Mis sueños para Ibsen.
Mi tarjeta Abra para Yibis.
Mi carro para Alberto.
Mi cama matrimonial para Mario.
Mi memoria para Salvador.
Mi soledad para la Negra.
Mis discos de Ismael Rivera para la Negra.
Mis poemas titulados “Granada en la boca” para la Negra.
Mi dolor de adolescente y madre, para Pedro.
Mis cenizas, para Ernesto.
Mi risa para Marina.

La noche anterior
le había dicho a Ángeles y a Carlos,
si no puedo dormir,
escogeré la muerte.
El pernil de cordero estaba tan sabroso
que no me hicieron mucho caso.
Recuerdo que en una esquina de Chacao,
ella me abrazó y le dije,
el próximo viernes los invito yo.
Su cabello corto
y su felicidad por habérselo cortado,
me hizo entender que no era ya la apaciguada madre de Carlos.
Apoyé mi mejilla sobre su hombro.
Fue algo de segundos,
pero sentí que con la tijera sobre su melena,
algo se había ido.
Algo que no llevaba su nombre,
rondaba ahora las noches de insomnio y de alcohol
en el barrio de la familia.
Morirse deliberadamente,
requiere tiempo y paciencia.
Evocas la muerte gratuita de un hijo,
cosa que a ti nunca te sucedió.
La pérdida de objetos,
y el silencio de una casa devastada,
tampoco te sucedió.
El dedo feroz de un enemigo señalándote
como un ser despiadado.
Pasa pero no es mortal.
Dos partos,
diez abortos
y ningún orgasmo.
Una buena razón.


El silencio de tu compañero cuando le preguntas,
¿Por qué ya no me quieres?
¿Qué hice?
¿En qué fallé?
Y luego el recorrido por aquellos espacios silenciosos
y vacíos,
con tu presencia encorvada,
torpe.
Constatas que no hay jabón para lavar
ni favor para planchar
y a lo mejor
esas naranjas están podridas
Entonces recuerdas:
una terraza a las siete de la mañana,
sobre el mar,
y alguien diciéndote,
le tengo miedo a las alturas
pero te amo.
Y luego,
el regreso a la ciudad,
y la mazucamba de un hombre desnudo y alegre.
Piensas de nuevo en lo deliberado.
No es azar.
No es venganza.
Es tu mano
de palma sudada,
tocando tu muslo.
Remontando un poco más
y recordando el desasosiego de tu compañero,
por la penumbra maloliente
de tu placer.
Siempre hay un antes
antes de morir.

Antes,
quiero comer unos tortellinis a la crema.
O tomarme un trago de Tanqueray.
O que me abracen con manos fuertes.
O, como dice Caupolicán,
que me pongan en presencia de Maiquetía,
la ciudad más hermosa de este país.
La deliberación entorpece la muerte.
Nadie,
que yo conozca,
ha deliberado sobre su desaparición.


- Miyó Vestrini 


miércoles, 7 de septiembre de 2016

Diálogo entre dos poetas....

Miy'o Vestrini



El poeta venezolano Victor “Chino” Valera escribió en su poema Oficio Puro:

“Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella.”



Miyó Vestrini le responde con su poema Té de Manzanilla:


“Mi amigo,
el chino,
escribió una vez sobre cómo se sientan
y caminan
las mujeres después de hacer el amor. No llegamos a discutir el punto
porque murió como un gafo,
víctima de un ataque cardíaco curado con té de manzanilla. De haberlo hecho,
le habría dicho que lo único bueno de hacer el amor
son los hombres que eyaculan
sin rencores
sin temores.
Y que después de hacerlo nadie tiene ganas
de sentarse
o de caminar.”

-Réplica de Miyó Vestrini a Víctor “Chino” Valera




*Para leer mas sobre Vestrini leer la edicion de Vestrini en la  biblioteca biografica venezolana, pueden contactar a Ediciones Letra Muerta para obtener una copia.
C.





Diálogo entre dos poetas....

Miy'o Vestrini



El poeta venezolano Victor “Chino” Valera escribió en su poema Oficio Puro:

“Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella.”



Miyó Vestrini le responde con su poema Té de Manzanilla:


“Mi amigo,
el chino,
escribió una vez sobre cómo se sientan
y caminan
las mujeres después de hacer el amor. No llegamos a discutir el punto
porque murió como un gafo,
víctima de un ataque cardíaco curado con té de manzanilla. De haberlo hecho,
le habría dicho que lo único bueno de hacer el amor
son los hombres que eyaculan
sin rencores
sin temores.
Y que después de hacerlo nadie tiene ganas
de sentarse
o de caminar.”

-Réplica de Miyó Vestrini a Víctor “Chino” Valera




*Para leer la m'as sobre Vestrini leer la edicion de Vestrini en la  biblioteca biografica venezolana, pueden contactar a Ediciones Letra Muerta para obtener una copia.
C.